Ayer por la noche le metí mano a las reservas de jamón y lomo. Una semana he resistido. Soy débil, lo se. Pero ya me gustaría a mi veros a vosotros en mi situación. Lo mejor de todo. El levantarme 3 veces por la noche a beber agua. Dios, como echaba de menos esa necesidad.
Que bien hice. Madre mía la que me esperaba. Hoy tenía reunión en Laakdal (Bélgica). La típica reunión en la que, para no romper la dinámica y aprovechar bien el tiempo, se come de catering en la misma sala. Que digo yo: ¿por qué catering igual a bocata? Pues eso. Una de la tarde y 3 bocadillitos para el coleto. De postre una galleta... bueno dos. Era parecida a las de príncipe. Si es que me paso de optimista.
A partir de ahí nada importante que reseñar. Solo que conforme pasaban las horas, mi estómago empezaba a hacerse una pregunta: ¿por qué catering igual a bocata?. Y mi estómago no es que sea sutil precisamente. Su táctica es la de los niños en los coches: ¿llegamos ya?; ¿llegamos ya?; ¿llegamos ya?; ¿llegamos ya?... Pues él, dale que dale: ¿por qué catering igual a bocata?; ¿por qué catering igual a bocata?; ¿por qué catering igual a bocata?...
Al llegar a casa he resistido el impulso inicial de arrasar con lo que queda de jamón. A pesar de su insistencia, he sido un poco racional, que ya vendrán tiempos peores. Además tengo la esperanza de que la ciencia avance y del mismo modo que clonaron una oveja viva, puedan clonar partes de cerdo curadas. En realidad debería ser más fácil. El embutido no se mueve. Bueno, conozco algunos bares del Húmedo donde si que se mueve, pero eso es otra historia.
En fin. Ya he cenado. Mi estómago está calladito (poco le va a durar) y yo mañana a seguir. Prometo en cuanto tenga mi dirección definitiva dárosla para vuestros envíos, jajaja.
¡Hasta pronto!
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